Vicién

Aparecido en el Diario del AltoAragón


Por Manuel BENITO






Lástima que libros tan interesantes como el “Anuario de la Diócesis Oscense” de Gregorio García Ciprés se encuentren tan agotados que ya sólo circulan fotocopias de fotocopias. Es un manual lleno de datos sustanciosos sobre los pueblos de La Hoya y algunos –hoy- monegrinos.

En él leemos como Vicién se ubica en la ladera meridional de un tozal llamado “Fosal del Viñadero”. Efectivamente, encima del caserío está el fosal o cementerio. El origen del municipio parece romano pero el del núcleo actual quizá sea medieval. Donde aparecen restos más antiguos es en la ermita de San Gregorio, que yo creí durante muchos años solar de una población pérdida llamada Puyvicién. La confusión me vino, por un lado, de las mugas que hay arriba y que parecen delimitar un coto o un terreno enajenado. Y, por otra parte, del topónimo “puy” o “podio”: lugar elevado, dominante, que encaja únicamente con este enclave.

Del error intentó sacarme ya hace muchos años don Federico Balaguer que andaba estudiando la compra de Prebedo o Pebredo, que de las dos maneras lo he oído, por parte del concejo oscense. Puyvicién según él  estaba en otro lugar, fundando su apreciación en la documentación. Un día mi amiga Paca Monesma me enseñó la necrópolis y restos de Puyvicién bastante alejados de San Gregorio. Puyvicién debió ser importante pues su parroquia alcanzó el grado de Vicaria con la aneja de Fornillos de Violada, otro lugar desaparecido en Almudévar. Entrambos censaban siete casas en el XVI, demografía que debió resentirse con la expulsión de los moriscos.

La parroquia de Vicién estuvo agregada a la de Albero Bajo, siendo la obra más remota del pueblo el pozo de hielo que conserva también la parte dedicada a su venta. Es del siglo XVI, de construcción sencilla y pulida en sillares bien escuadrados y marcados. 

Los demás inmuebles antiguos son del XVII como la iglesia dedicada a San Miguel, ejecutada en un gótico muy tardío, el edificio no incorporó la torre hasta el XIX. El castillo de los Villahermosa, señores del territorio, está a la entrada del pueblo y fue remodelado en el XVIII para granero de impuestos y cárcel.  Ya casi nadie recuerda ni su historia ni sus usos.

El caserío hoy no va más allá del XIX pero el origen de algunas casas es bastante antiguo, sin ir más lejos el propietario de casa Vicentillo, me enseñó en la parte baja de su vivienda una puerta con arco conopial que puede tener sus quinientos años.

En el Anuario citado también se habla de un magnífico archivo parroquial que en tiempos de la Gloriosa -1868- se trasladó a San Pedro el Viejo y luego al archivo catedralicio donde espera de una tesis doctoral o un buen estudio. En esos archivos figuraban en 1608 diecinueve casas cuyos nombres eran los mismos de 1917: Prad, Capuj, Lairla, Rivas, Ibor, Cavero… Casas de conversos y de cristianos viejos venidos del norte a cubrir las consecuencias de la expulsión morisca. En 1495 las 16 casas eran musulmanas. De allí que no se construyera la iglesia hasta la conversión del XVII, y su dedicación a San Miguel, vencedor del Mal diabólico donde militaban las religiones no católicas.

Por las fechas de la catolización y en el montículo despoblado que emerge bajo las canteras de Almudévar, visible desde una gran parte del somontano oscense, levantaron una ermita a San Gregorio Ostiense protector de las cosechas contra cualquier insecto o plaga. Incluso compraron una supuesta reliquia de este santo que confería al agua de bendecir y ex conjurar langostas un poder especial.

La sede española del ex conjuro contra plagas agrícolas estaba en Sorlada (Navarra) allí dicen disponer de la calavera del santo de Ostia y todos los años le pasan un agua que cobrará poderes mágicos. En la temporada agrícola de 1756-1757,  el cráneo recorrió Aragón, Valencia, Murcia, Andalucía, Extremadura y La Mancha, a cargo de la Hacienda real, para echar al voraz “garrapatillo”. Entonces nació la expresión de “viajas más que la calavera de San Gregorio”, renovada dos siglos después con “los baúles de la Piquer”.

En 1827 los insectos fitófagos llegaron a estas tierras asolándolas, los de Sangarrén y Vicién hicieron voto al santo de que si les libraba de la plaga, irían todos los años a su ermita el 9 de mayo, y así lo vienen haciendo en estos últimos 180 años.La llegada del ferrocarril dio nuevos bríos al pueblo con la instalación de una “bovila”, donde se fabricaban ladrillos y tejas, hoy totalmente destruida. También hubo y hay alguna pequeña industria, pero el mejor activo lo tiene en el patrimonio de la Guerra Civil que ya describimos aquí, y en el magnífico pozo de hielo, recién restaurado. Obras que hay que poner en valor.
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