Vicién, en la Guerra Civil


Aparecido en el Diario del AltoAragón



Por Manuel BENITO




La proximidad del Frente de Huesca que se mantuvo activo desde finales de julio de 1936 hasta bien entrado el mes de marzo de 1938, hizo que la Guerra se viviera en Vicién de una forma muy directa, dejando una huella importante con algunas construcciones y fortificaciones que, en estos momentos, constituyen ya un patrimonio a recuperar.

Antes de la Guerra el pueblo estaba posicionado políticamente y dividido entre izquierdas y derechas. Entre los primeros estaban los obreros de la fábrica de ladrillos -estimable obra de arqueología industrial no ha mucho derribada- y algunos campesinos sin tierra o con muy poca. Las casas mejores se alineaban en las derechas que tenían en el cura fascista Julio Prad Gavín su más firme valedor. Este hombre menudo -1,57, según su ficha carcelaria- no dudaba en lanzar diatribas contra todo lo que oliera a liberal. Ya en 1910 se distingue en sus cartas ultramontanas contra los canalistas -precursores de los riegos- en La Voz de la Provincia. Luego colaborará en La Tierra con los seudónimos de Patrófilo y Youlius. 

El 27 de julio para evitar la muerte segura de los curas de Tabernas, Vicién y Sangarrén, son evacuados por un camión militar al frente del cual va el canónigo Mariano Alegre. Los milicianos catalanes de la CNT comienzan a llegar en los últimos días de agosto donde encuentran ya a muy pocos hombres que puedan ser tildados de derechistas para ejecutarlos.

En Vicién sobreviven aún rótulos de las requisas cenetistas en pintura negra que intentaron tachar con otra blanca. En casa Ribas, destinada a hospital de evacuación, se mal lee: Requisado CNT por el Comité. La columna Ascaso al mando de Jover se instalaría aquí su cuartel general, con la asistencia militar de Vivancos. El frente que dominaron era bastante amplio, sobre Huesca: Huerrios, Banariés, Cuarte, Cementerio. Controlaron y rebasaron la carretera de Zaragoza-Huesca posicionándose sobre las Canteras de Almudévar y de Fornillos de Violada. Integraba también la columna italiana anarquista Garibaldi que estableció su frente en la ermita de Loreto (Castillo de Errico Malatesta). Luego llegarían Los Aguiluchos de García Oliver, el cual se instaló en el castillo de San Juan Bajo, para dominar la peor parte del frente: La Estación de Alerre y la línea que va de la Corona Sur de Cillas al Cementerio, ocupada por la 14ª centuria al mando de Germán Riera.

Con la reorganización de las columnas y creación del Ejército Popular de la República quedó en el entorno de Vicién una División de reserva, la 32, al mando del Coronel José Arana Vivancos, aquí estuvo concretamente la Brigada Mixta 141 al mando del mayor Sebastián Zamora. Precisamente la compañía de transmisiones de esta brigada estuvo en una cueva a la derecha del Camino de Huesca, en la partida de igual nombre.

En Huerrios, el 31 de agosto, coparon una columna fascista compuesta de militares, guardias civiles, carabineros y falangistas. 17 sublevados que fueron ejecutados en las afueras del pueblo, donde señala un monumento bien cuidado presidido de una cruz. Cuando en marzo de 1938 entraron los nacionales, detuvieron y asesinaron a varios republicanos que fueron arrojados a una fosa común hoy llamada Cementerio de Los Rojos, ningún elemento señala el lugar. Recientemente se han echado algunos escombros que aún dificultan más la localización.

Para abastecer la línea de frente contaba Vicién con un polvorín de buen tamaño dragado al pie de la colina del cementerio, donde también se excavó el pozo de hielo y un intrincado pasadizo que sirvió de refugio y que tenía bocas de entrada en el pueblo. Todos estos elementos visitables, aunque el último sólo en parte debido a algunos derrumbes.

Francisca Monesma, que es quien nos muestra todo este importante patrimonio, nos conduce hasta la colina que sigue hacia poniente la del cementerio donde están los restos de un nido de ametralladoras, muy vestido por la vegetación. Frente al Castillo de Colchoné hay una colina fortificada con trincheras zanjadas en roca viva bien conservadas y por último nos dirigimos a San Gregorio donde los republicanos establecieron una importante fortificación. Nada queda ya que lo recuerde aunque en las laderas es muy fácil encontrar balas de fusil.

Merecería la pena establecer una ruta en la que se pudieran visitar todos los elementos que componen un amplio muestrario de lo que fue la Guerra, en el frente y la retaguardia. No conozco otro pueblo donde se den, y se conserven así de bien, todos estos elementos.
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